jueves, 2 de febrero de 2012

Afuera

Todo aquel pensar en cosas viejas: cerillos, cerveza, revistas... removió en lo profundo de su mente el recuerdo de la última vez que estuvo en la superficie. En aquella ocasión la llevaron al mar. Casi toda su generación conocía la playa, aunque fuera de lejitos. No siempre se podía pasear en ellas ya fuera a causa de la violencia o de la contaminación, pero el sonido del mar y su brillo lograban cautivar casi a todos. Para los que no gustaban de esa suerte de sopa primigenia (ya fuera por el petróleo, el mercurio o los pañales) existían los campos: verdes, con bastos cielos azules y montañas que le daban la sensación a Camila de que el mundo era enorme, claro que, en ese entonces, verdaderamente todo en el mundo era enorme para ella...
Camila estaba aburrida. Había olvidado recargar las pilas y no había remedio, de todos modos no habrían durado más de dos horas. Tanto ocio y nostalgia le hicieron recordar las noches jugando con la HSC, era mejor que cualquiera de los vejestorios de batería inservible que tenía que utilizar ahora. Mientras pensaba en ello se tocó las yemas de los dedos con el pulgar para sentir las conexiones que nunca volverían a funcionar, la de la frente se le había desprendido hacía dos años dejando una pequeña marca similar a un Bindi. No entendía cómo era posible que emocionaran tanto a la generación de sus padres y abuelos si eran objetos pesados, lastimaban los ojos y estaban limitados a dos dimensiones. En fin, colocó la cabeza en la almohada esperando que el sueño viniera a transportarla a un mundo donde pudiera conectarse con la HSC en la playa. Pero pasó un tiempo muy largo, horas tal vez, y no sucedió.

jueves, 26 de enero de 2012

Darkness

Abrió los ojos para huir de la obscuridad. Pero no había luz. Toda había sido absorbida u desperdiciada en las entrañas del hogar. Ella se levantó tanteando para reconocer los muebles y las paredes en ese mundo tan carente de luz que parecía acabar con todo sentido de dirección.Poco a poco logró abrirse paso al baño. Una vez ahí, y con muchos trabajo, hizo lo que tenía que hacer y trató de regresar a la habitación. No recordaba cuál de las puertas daba a ella. Los moretones se encimaron sobre otros tantos que había recibido en los últimos días. Aún no aprendía a andar por ese mundo.

Tenía cerca de una semana que habían empezado a cortar la luz por las noches. Alguien le contó que ya no se podía almacenar correctamente más que en ciertos lugares y que había sido una decisión de "La junta" dejar de utilizar las fuentes eólicas y volverse dependientes sólo de las celdas solares. Qué lata. Ella tenía ganas de leer esas revistas viejas que antes se publicaban cada mes, su abuelita le había regalado toda una caja de ellas. Al hojearlas veía el retrato de la vida pasada, los vestidos de las casas de moda, el maquillaje, los gadgets arcaicos que en ese entonces eran el boom (quién iba a pensar que de nuevo volverían a usarlos), la gente de la que todos podían hablar. Personas sin intimidad ni vida propia que existían para divertirse a sus expensas...La caja en ocasiones también era una opción pero no había forma de usarla sin luz, pensó en llamar a Madison, pero no, seguramente eso tampoco funcionaría.

Desde la última fuga de gas en sub-Tacubaya, las velas habían quedado prohibidas, sólo se permitían estufas eléctricas de seguridad y microondas. Era una pena ahora mismo podría estar leyendo de la complicada vida de las princesas de Mónaco. Los cerillos estaban igualmente prohibidos, pero se rumoraba que la vecina vendía cerveza y cigarros por la noche antes de los apagones. Se suponía que esos productos ya no existían desde hacía años. Aduras penas tenían uno que otro aguardiente casero fuerte y malo y bebidas suaves similares al tepache, todas inalcanzablemente caras. Decían que los hijos de doña cruz habían logrado producir cebada por hidroponia y gracias a eso producir cerveza casera, según otra versión la Sra. cruz venía de una familia de antiguos empresarios que inteligentemente previeron la catástrofe ocurrida y empezaron a almacenar para asegurar las ventas futuras. A Camila ambas le parecían poco creíbles, por no decir ridículas.
 

U gotta be kidding

Sorbió el líquido dorado con deleite. Tenía años que no probaba una gota de él.Apenas había le había dado tres tragos(claro, tres tragos que casi vaciaban el vaso) cuando empezó a sentir que el calor subía por su cuerpo. Desde el otro extremo de la habitación Madison le dirigió una sonrisa perdida, como de imbécil. Seguramente era el alcohol. Hacía 40 años cualquier persona se habría burlado sin miramientos de su sensibilidad. Pero ahora se sentía orgullosa de poder presumir que era uno de los pocos seres de su edad que alguna vez había probado la cerveza. Se sintió eufórica y a la vez abstraída, como si pudiera pensar con más claridad que nunca. Se dio cuenta de su error cuando, al querer levantarse, se tambaleó y no pudo evitar reírse a carcajadas. Aún así, la diferencia con los aguardientes caseros de Andrés era maravillosa.

Para cuando llevaba cuatro cervezas ya no sabía leer la hora del reloj y apenas recordaba de qué había estado hablando con Madison. Al siguiente día ambas despertaron una cerca de a otra en aquel piso de madera, con la cabeza a punto de estallar y sin saber cómo era posible que no hubieran logrado llegar a la cama.